4 claves de la traducción farmacéutica: documentación, terminología, estilo y combinación de tipos de traducción.

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La traducción farmacéutica es una de las modalidades más demandadas tanto por ser un sector en constante expansión e innovación, como por la gran producción y comercialización de productos farmacéuticos. Las agencias de traducción somos muy conscientes de las características de esta modalidad y de las habilidades especiales que requiere ya que, cada vez más, las empresas farmacéuticas cuentan con nosotros para sus necesidades de traducción. Así pues, hoy desvelamos cuatro aspectos clave de la traducción farmacéutica.

A pesar de que el prospecto es lo primero que se nos viene a la cabeza al pensar en traducción farmacéutica, los tipos de texto que abarca esta modalidad son muy diversos: los informes médicos, los manuales, los informes de ensayos, los anuncios en medios de comunicación, los proyectos e investigaciones, los artículos especializados y las recetas son de los más habituales. Esta diversidad no es solo textual, sino también temática: al estar el ámbito farmacéutico estrechamente unido al médico, los documentos pueden pertenecer a cualquier tipo de especialidad (dermatología, pediatría, cardiología, psiquiatría, etc.).

A estos dos pilares básicos hay que sumarles otras dos características de igual importancia para poder tener una noción más aproximada de lo que comprende e implica la traducción farmacéutica. Una de ellas es el conocimiento extenso de las normas marcadas por los organismos oficiales, como la Agencia Europea de Medicamentos y el Comité de Medicamentos de Uso Humano, a nivel europeo. La otra característica clave es saber a qué tipo de público irán dirigidos los textos, ya que la redacción y, por consiguiente, la traducción, de los documentos tendrá un estilo diferente si el destinatario es un experto en la materia (una institución, un investigador, etc.) o si es un ciudadano de a pie.

Una vez explicadas cuáles son sus principales características, pasemos a ver cuáles son los cuatro aspectos clave de la traducción farmacéutica que nos permiten abordar este tipo de textos con la mayor precisión:

Documentación en la traducción farmacéutica

Debido a la gran variedad de especialidades que puede abarcar, es crucial que el traductor sepa informarse (y mantenerse al día) de la manera más adecuada. Aunque solo con conexión a internet es muy sencillo encontrar contenidos sobre cualquier especialidad, debido al gran tráfico de información es esencial saber discriminar aquellas publicaciones útiles de las que tienen una fiabilidad o rigor dudosos. Algunos sitios y recursos que sabemos que no nos van a fallar son los foros de traducción especializados, como Tremédica y Medtrad, y las bases de datos terminológicas, como la de IATE; diccionarios bilingües especializados, como el Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina, de F. A. Navarro, un imprescindible para cualquier profesional experto en este campo; y diccionarios monolingües, como el Stedman’s Medical Dictionary o el Dorland’s Illustrated Medical Dictionary. También podemos acudir a documentación publicada por organismos oficiales, como plantillas de la Agencia Europea del Medicamento, guías de estilo, o clasificaciones, que nos servirán de guía para la resolución de dudas y aclaración de conceptos o formatos.

Precisión terminológica en la traducción farmacéutica

La terminología es una de las mayores dificultades en este tipo de textos, por lo que una elección precisa de las palabras es crucial para que el texto traducido no pierda ningún matiz del original. A la hora de traducir un texto farmacéutico, el experto tendrá que saber con certeza a qué se refiere una palabra para poder encontrar el equivalente más adecuado: de este modo el texto final parecerá redactado por un verdadero experto y no una traducción. Por ejemplo, en el caso del término “SARS (severe acute respiratory syndrome)”, podría caerse en el error de cometer un calco, traduciéndolo por “síndrome respiratorio agudo severo” en vez de por “síndrome respiratorio agudo grave”, forma correcta y aceptada por los profesionales.

Elección del estilo en la traducción farmacéutica

Saber cuál es el destinatario de nuestro texto es de vital importancia, ya que nos permitirá elegir el estilo más adecuado. Por ejemplo, a la hora de traducir una ficha técnica, optaremos por un lenguaje metódico y altamente especializado, ya que la finalidad de este tipo de textos es la comunicación entre diferentes expertos o empresas pertenecientes al sector. Sin embargo, para la traducción de un prospecto o de una receta, el estilo deberá ser mucho más claro y no tan elevado: es de suma importancia que el paciente sepa para qué sirve el medicamento que debe tomar y cuándo debe tomarlo. Un error de traducción podría ser fatal y tendría consecuencias desastrosas para todas las partes implicadas.

Mezcla de tipos de traducción

Muchas veces los textos farmacéuticos se mezclan con otras modalidades, siendo la más habitual de ellas la publicitaria. Un anuncio sobre un nuevo medicamento, o incluso el propio envase del mismo, buscará resaltar todos los beneficios del producto, haciéndolo atractivo para los consumidores y lograr un alto número de ventas. Por lo tanto, es imprescindible contar con habilidades y recursos para dominar los distintos tipos de lenguaje con el fin de que el texto cumpla su finalidad y llegue al público de la forma más efectiva posible.

Ahora que ya has terminado de leernos serás un poco más consciente de la cantidad de habilidades y conocimientos que requiere la traducción farmacéutica, así como de los riesgos que puede entrañar si no se realiza un buen trabajo. Si lo que necesitas es una traducción rigurosa y óptima de tus documentos farmacéuticos, En Otras Palabras es la agencia que estabas buscando.

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