¿Qué hablamos español o castellano?

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Saludos a todos nuestros lectores, nuestros últimos artículos han estado orientados a acercaros todo lo posible al mundo de la traducción, a sus diferentes aspectos y daros algunas pistas sobre cómo afrontar según qué aspectos del sector que a veces pueden hacerse cuesta arriba. Sin embargo, hoy nos gustaría centrarnos en nuestra propia lengua, el español, ¿o sería más acertado decir castellano? ¿son lo mismo? Precisamente de eso queríamos hablaros, ¿hablamos español o castellano?

Empecemos con un poco de trasfondo histórico

Partamos del hecho de que si bien no existe un consenso absoluto sobre cuando podemos hablar de España como tal desde nuestra propia perspectiva (país/estado/nación circunscrito a la península ibérica), sí podemos cerrar una horquilla que lo sitúa entre la instauración del Reino Visigodo (s.VI d.C.) y el reinado de Felipe V (s XVII d.C.). Aunque es bien cierto que ya desde el siglo XI se habla de los habitantes de la península como españoles en textos provenzales (actual sudeste de Francia).

Por otra parte, este conjunto de lo que se consideraban españoles, limitándonos a la península, han convivido con múltiples lenguas durante ese periodo y aún en nuestros días, principalmente el portugués, gallego, leonés, aragonés, árabe, mozárabe, vasco y catalán, permaneciendo como oficiales hasta nuestros días el castellano, euskera y catalán, junto con otros considerados dialectos, como el castellano septentrional, andaluz, canario, murciano, castúo y el habla riojana; que a su vez conviven con las hablas de transición, que suman hasta 5 más a nuestra menestra idiomática. Pocos, ¿verdad?

¿Cuál es entonces la diferencia entre el español o castellano?

Pues, al considerar si hablamos español o castellano, la diferencia es una cuestión interpretativa. Supongamos que partimos de “español” como aquella persona que, en palabras de la RAE, es “Natural de España (…)”. Si dijéramos que el español es la lengua de todo aquel natural de España, el criterio que se sigue es el del derecho del suelo.

Por otra parte, el castellano como idioma surge en el Condado de Castilla, allá por el siglo IX a.C. Es a raíz de su expansión territorial, gracias en parte a la Reconquista y en parte a las posteriores unificaciones dinásticas, cuando progresivamente el castellano se extiende hasta llegar a ocupar casi toda la península en nuestros días.

No se nos olvide en todo caso, que en gran medida la respuesta esta cincelada con la llegada de la España moderna, que a través de su propia Constitución dice sin lugar a dudas que “El castellano es la lengua española oficial del Estado.” y “(…) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas.

Concluimos entonces, que, cuando valoramos si hablamos español o castellano, castellano es la lengua de la generalidad de los españoles, pero no la única.

Por tanto, ¿de dónde surge la polémica sobre si hablamos español o castellano?

Esencialmente de nuestro bagaje histórico y, en igual medida, de la interpretación que se ha hecho del mismo. Por una parte, encontramos a aquellos conciudadanos más inclinados a ver España como una suma de partes, una convivencia pacífica de muchas culturas que han cristalizado en un acuerdo marco que nos aporta estabilidad a través de la Constitución y su consiguiente marco legal. Desde este punto de vista, la generalización del castellano como lengua oficial supone un uso práctico de una lengua común, pero que no debe desvirtuar la existencia de otras.

Por otra, otro grupo igualmente numeroso ve en la preminencia del castellano la evolución natural de la España forjada por los Reyes Católicos, existiendo ya en el siglo XVI más de un 80% de castellanoparlantes, y exportándose de forma exponencial durante la etapa imperial con la dinastía de los Austrias. Desde este punto de vista, se habla del español como un reflejo de una lengua distinta del castellano original, que representa un concepto de España como una nueva unidad cultural homogénea.

En términos más desenfadados, podríamos decir que unos ven un puré y otros una menestra, aunque al final son las mismas verduras.

¿Y qué pasa con “el resto”?

Pues sí, hay un “resto”, porque a colación de la expansión del castellano, no se nos olvide que a día de hoy aproximadamente el 90% de quienes hablan nuestra lengua (con sus lógicas variantes) viven en América, principalmente del Sur. Así que, en realidad, quizás cuando nos preguntemos si hablamos español o castellano, deberíamos pensar lo que tienen que decir ese 90%, y que quizás sin darnos cuenta el “el resto” somos nosotros.

En conclusión…

Con todo, quizás un punto intermedio sea pensar que “español” es quizá una metonimia que ha tomado la parte por el todo, generalizando la lengua más hablada en la península y en Hispanoamérica; quedando entonces el término castellano como una forma de hablar de lo mismo en lugar donde coexiste con otras lenguas oficiales, como una forma de diferenciar, más por una practicidad del habla cotidiana que por la intención de levantar ampollas. Al final, lo importante no es tanto como hablamos, si no cómo nos entendemos.

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