Qué es la traducción jurídica y cuánto cuesta

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Si ha llegado hasta este artículo probablemente se pregunte qué es la traducción jurídica y cuánto cuesta. Tratar de definir la traducción jurídica en unas pocas palabras no es simple… Decir solamente que se trata de transmitir el contenido de un documento de índole jurídica de una lengua de partida a una lengua de destino sería quedarse corto, sin duda.

La traducción jurídica, para que resulte precisa y no adolezca de falta de calidad, requiere de un conocimiento especializado sobre los ordenamientos jurídicos que se confrontan en el proceso traductor, requiere de un conocimiento sobre miles de conceptos legales; la traducción jurídica significa también buscar equivalencias (la mayoría de las veces de tipo funcional, casi nunca exactas, lo cual complica el trabajo del traductor jurídico aún más si cabe) dadas las diferencias jurídicas (leyes, figuras, códigos, etc.) entre las distintas culturas que se miran frente a frente durante el proceso traductor.

¿Qué es traducción jurídica y cuánto cuesta? La traducción jurídica es un tipo de traducción que obliga al traductor a documentarse previamente, a acudir a fuentes lexicográficas monolingües y bilingües especializadas, a beber de las fuentes del Derecho comparado, a incluir notas a pie de página o paráfrasis para explicar diversos términos y hacerlos más claros e inteligibles para el lector final en el marco de la cultura meta (esto es, la cultura de la lengua hacia la que se traduce), a consultar a expertos y a juristas para afinar la traducción de ciertos términos/expresiones, a formarse constantemente leyendo revistas especializadas sobre Derecho, obras sobre traducción jurídica (por ejemplo, en el caso de la traducción jurídica inglés<>español, las escritas por Enrique Alcaraz Varó, Anabel Borja Albi, Rebecca Jowers…).

Estas leves pinceladas dan una idea clara, aunque todavía liviana, de lo que conlleva una traducción jurídica. ¿Qué es la traducción jurídica? Esta no es una mera traducción literal “palabra por palabra”, sino una labor pericial, un trabajo que obliga al traductor a ajustar el texto que está recreando al estilo propio de la jerga jurídica de la cultura meta, al ordenamiento jurídico meta, al nivel de especialización del tipo de texto que traduce (divulgativo, especializado, académico…) y del lector/es que tendrá/n la traducción en sus manos.

A la complejidad propia de cualquier traducción ‘simple’ se le suman las dificultades añadidas de la terminología legal, los giros o modismos propios de la jerga jurídica, el estilo del tipo de texto de que se trate (una sentencia, demanda, convenio regulador, contrato…). Respecto a dicha complejidad, Anabel Borja Albi –doctora en traducción, traductora-intérprete jurado y profesora de la Universitat Jaume I–, en su obra El texto jurídico inglés y su traducción al español (2000, Ariel Lenguas Modernas, pág. 161), concretamente en el apartado Complejidad conceptual y diferencias entre los sistemas jurídicos del capítulo La equivalencia en traducción jurídica, expone lo siguiente: «Todos los estudiosos del tema citan como característica distintiva del lenguaje legal su complejidad [, que] no proviene solo de la gramática sino que es consecuencia de los aspectos pragmáticos que lo contextualizan. Por tanto, su aparente complejidad no puede atribuirse únicamente a factores lingüísticos sino a la combinación de una estructura conceptual compleja que impone una forma de expresión muy sofisticada.»

Es más, muy al hilo de lo que señalamos al comienzo de nuestro artículo, Borja Albi –en la misma página que hemos indicado supra– continúa exponiendo lo siguiente: «Al enfrentarse por primera vez a un texto jurídico, el traductor novel se siente abrumado y perplejo a la vez por el léxico especializado, ampuloso, grandilocuente y oscuro, por sus peculiares estructuras sintácticas y por la complejidad de la retórica legal. Los textos jurídicos muestran unos rasgos tan característicos, un lenguaje tan fosilizado y unas estructuras textuales tan estereotipadas, que en un principio podría parecer que todos los problemas de traducción fueran a reducirse a resolver las dificultades terminológicas o gramaticales. Pero inmediatamente se hace evidente que la verdadera dificultad de este tipo de textos no está solo en el léxico o la sintaxis, sino en su campo temático, en los conceptos y la disciplina teórica que los contextualizan.»

Por todos estos motivos, una traducción jurídica requiere mucho tiempo, esfuerzo, conocimiento y revisión para adquirir un nivel de calidad adecuado, más si cabe cuando tenemos en cuenta que la mayoría de los lectores de traducciones jurídicas son especialistas (jueces, abogados, profesores universitarios de Derecho…). Por eso, a la pregunta de cuánto cuesta, hemos de responder que su precio suele ser más elevado que el de otras traducciones menos complejas; su precio debe adecuarse al nivel de especialización del texto a traducir y a la cantidad de tiempo requerida para ofrecer un ‘producto’ de calidad.

Volveremos pronto con nuestra siguiente entrada… Stay tuned!

P.D.: Esperamos haberle aclarado un poco qué es la traducción jurídica y cuánto cuesta.

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